Banderas

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Apenas quedan horas para las elecciones en Cataluña; ya sabes, el 21-D, esa combinación casi mística de número y letra que seguro (ya verás como sí, ya verás) que terminará por disipar el lío que tienen montado de Vielha a Sant Carles de la Ràpita. El caso es que ante la inmediatez de la mágica fecha, uno viene contemplando cómo los balcones y ventanas de Madrid han reforzado aún más, si cabe, su estética rojigualda mediante la exhibición de (todavía) más banderas españolas, unionistas, como Dios manda. El escaparate patriótico es evidente, por ejemplo, en el Barrio de Salamanca, donde la tradición arribaspañista no deja lugar a la duda. Pero no lo es menos en el Aluche de mis entretelas, y ahí está lo que a mí me preocupa.

Mi vecino Antonio, sin ir más lejos, es un señor muy calladito. De vez en cuando te cruzas con él en el ascensor o le ves entrar en el garaje, y a lo mejor te saluda, pero de una forma así como flojita y color gris plomo. Un rollo de persona, vaya. Y sin embargo, el tío ha dejado salir el Cid Campeador que llevaba dentro colgando hacia afuera del ventanal de su salón una enseña nacional lustrosa, enorme. La gente de Aluche tiene mucha retranca, así que algunos hemos empezado a llamarle Antonio “Banderas”. Creo sinceramente que Antonio “Banderas” es un exponente perfecto de cómo una buena parte de Madrid (y supongo que también del resto del estado Español) está encarando el follón catalán. A saber.

La gente como Antonio “Banderas” es aquella que lleva tiempo calentando en la banda, esperando la oportunidad de sentirse importante a través de la pertenencia a un grupo. Los hay de los más diversos pelajes: discretitos o exaltados, justicieros o gregarios. Seguro que hay quien piensa que algo parecido ocurrió con el 15-M, sin embargo existe una diferencia crucial. En 2011 se trataba de pegarle fuego al curso de los acontecimientos con el aburrimiento, la mala hostia y el hartazgo como gasolina. Ahora sencillamente se trata de asomar la chorra por la ventana a ver quién la tiene más larga, si los de la estelada o la gente de bien. Puro exhibicionismo a dos bandas.

No tengo ni idea de qué será lo que ocurra después de que los catalanes voten, pero anda que no estaría feo que la polarización acabase extendiéndose por todo el país, y al final todo se redujese a dos bandos, los que tienen la telita colgando de la ventana frente a los que no, ¿verdad? De lo que sí estoy seguro es de que Antonio “Banderas” y quienes, como él, han nacido para salvar la patria, se lo iban a pasar como enanos. Como si esto fuera Hollywood.

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