Soñar

Aquel era nuestro sueño. Otras parejas comparten una canción o una película, pero es que nosotros soñábamos lo mismo casi cada noche. La escena era siempre igual; estábamos en un solar enorme, un descampado infinito, y entonces empezábamos a correr. Trotábamos al principio, como con desconfianza, pero enseguida cogíamos velocidad y corríamos, corríamos rápido. Pero lo hacíamos en sentidos diferentes. Ninguno de los dos quería volver la cabeza para ver hacia dónde corría el otro, y la sensación de libertad era tan intensa que cuando despertábamos por la mañana, lo hacíamos con una sonrisa inconsciente y la respiración entrecortada. Nos besábamos, nos dábamos los buenos días y deseábamos en secreto que llegase de nuevo la noche para volver a soñar.

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